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Si lo piensas realmente, muchos de nosotros deberíamos estar en un estado perpetuo de gratitud.

¿Cuál de estas cosas tienes a tu favor ahora mismo? Familia, amigos, amor, salud. Estar libre de guerra y desastres naturales. Imaginación. Comunidad. Un techo sobre nuestras cabezas. Decencia común. Esperanza. Oportunidad. Recuerdos. Estabilidad financiera. Lugares favoritos. Días libres en el trabajo. El buen tiempo. La época dorada de la televisión. Los libros. La música. Los helados. Los fines de semana. Un intercambio amistoso. Algo bueno que ha ocurrido hoy. Algo malo que no ha ocurrido hoy. Una buena taza de café.

Quizá el beneficio más obvio de las muestras de gratitud es que están estrechamente relacionadas con el aumento de los sentimientos de felicidad, tanto para los que dan como para los que reciben.

Roses, Thorns & Buds (o RTB, entre sus devotos) ha formado parte de tantas cenas familiares que he olvidado dónde oímos hablar de este método por primera vez.

Es muy sencillo: cada uno de los comensales se turna para compartir «rosas», que son algo positivo y alegre de su día; «espinas», que son lo contrario de eso; y «capullos» para algo que nos hace ilusión y que anticipamos que será una rosa.

A veces, la comida en familia y el compartir estas cosas es en sí una rosa.

Por supuesto, la «espina» no aumenta necesariamente la gratitud, aunque sigue siendo útil desde la perspectiva de la discusión familiar, la empatía y la resolución de problemas. Y si consigues solucionar un problema, puede crecer una rosa en el lugar de esa espina.

Estas son nuestras conclusiones no científicas: cada vez, descubrimos que tenemos muchas rosas y capullos y, por lo general, solo una espina que compartir.

Algunos amigos nos han hablado de variaciones eficaces de esta técnica, así que no hay una sola versión que sirva para todos. Si la metáfora es demasiado florida para ti, elige otra. ¿Home runs, strikeouts y on deck? Lo importante es conectar con el agradecimiento de esta manera, tanto si lo haces la mayoría de las tardes como en algún fin de semana. También es una forma fácil de que los niños adquieran el hábito de la gratitud.

Los tarros de la felicidad, una estrategia popularizada por la autora de «Eat, Pray, Love», Elizabeth Gilbert, es una especie de híbrido entre el diario de gratitud y el diario de reflexión.

La idea es escribir en un papel el momento más feliz del día y depositarlo en un tarro. La ventaja de hacerlo así es que, en los momentos de infelicidad, puedes tomar un mensaje del frasco y recordar esos momentos, y quizá volver a sentirte agradecido por ellos.

A Gilbert le llamó la atención que muchos de sus seguidores compartieran fotos de sus tarros de la felicidad decorados (consulta Pinterest, si necesitas inspiración) y que sus momentos más felices sean «generalmente muy comunes y tranquilos y poco llamativos».

Y hay otros experimentos que puedes probar. Podrías establecer alarmas o recordatorios en tu teléfono para hacer una pausa y pensar en algo por lo que estás agradecido en diferentes momentos del día: las mañanas ayudan a establecer el tono del día, y reflexionar mientras se está en el trabajo puede ser especialmente útil. Luego puedes registrarlos en una aplicación de diario de gratitud.

También puedes centrarte en el simple hecho de dar las gracias, y hacerlo en serio, con más frecuencia. Vale la pena escribir cartas de agradecimiento (o correos electrónicos, si quieres ser más rápido y frecuente) a las personas por las que sientes gratitud con cierta regularidad.
También puedes expresar tu gratitud con regalos, flores y favores. O simplemente hacer una lista de todas las cosas que damos por hecho, pero que no nos gustaría perder, como la seguridad en el trabajo, la salud o ver a los seres queridos. Revisa esa lista cada semana, más o menos.

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