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Rehabilitado en la política desde marzo de 2021 y convencido de que puede reconstruir Brasil, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva presentó su candidatura a las elecciones de octubre.
Nuevamente el fundador del Partido de los Trabajadores (PT) buscará ante las urnas un tercer mandato, tras cumplir 580 días de prisión política y tener anuladas sus condenas, para imposibilitar el apetito de reelección del mandatario ultraderechista Jair Bolsonaro.

Por sexta ocasión, el extornero mecánico disputará las presidenciales. Lo hizo en 1989, 1994 y 1998, y solo ganó en 2002 y 2006.

Durante su arenga el 7 de mayo en Sao Paulo, en el acto de exposición del movimiento Vamos Juntos por Brasil -coalición de partidos políticos, sindicatos y personalidades que apoyará su aspiración presidencial-, Lula discursó, cual especie de manifiesto, al país.

Tal evento se nombró pre-lanzamiento para cumplir con la Ley Electoral, la cual establece que la propaganda electiva está permitida a partir del 16 de agosto.

El registro oficial de las candidaturas en el Tribunal Superior Electoral solo ocurrirá entre julio y agosto, cuando los partidos celebran sus convenciones nacionales.

Con verbo emotivo y apelando a la lectura, Lula aludió a la reconstrucción y a la unidad nacional, como ocurrió en la llamada redemocratización, cuando los adversarios se aliaron para derrotar a la dictadura militar (1964-1985).

“Resulta un momento muy especial en mi vida, especial por contar con ustedes, por lograr, por primera vez, juntar todas las fuerzas políticas progresistas en torno a mi campaña», aseveró el exdirigente obrero.

Admitió que “queremos volver (al poder) para que nadie se atreva a desafiar la democracia de nuevo. Y así el fascismo vuelve a la cloaca de la historia, de donde nunca debió salir”.

Historió en que “tenemos un sueño. Nos mueve la esperanza. Y no hay mayor fuerza que la esperanza de un pueblo que sabe que puede volver a ser feliz”.

Una vez más reiteró su anhelo de “reconducir a Brasil hacia el futuro, por los caminos de la soberanía, el desarrollo, la justicia y la inclusión social, la democracia y el respeto al medio ambiente”.

Para Lula, el inextricable momento que atraviesa el país, “uno de los más graves de nuestra historia, nos obliga a superar posibles diferencias para construir juntos un camino alternativo a la incompetencia y el autoritarismo que nos gobiernan”.

Alertó en trabajar no solo por la victoria electoral el 2 de octubre, sino para la reconstrucción y transformación de Brasil, lo cual será mucho más difícil que ganar las justas comiciales.

El exlíder sindical insistió en querer “unir a los demócratas de todos los orígenes y matices, de las más variadas trayectorias políticas, de todas las clases sociales y credos religiosos, para vencer la amenaza totalitaria».

Como era de esperar en la paulista sala Expo Center Norte, Lula abordó el escenario de la caótica situación económica del país, provocada por el Gobierno de Bolsonaro.

«Brasil es demasiado grande para ser relegado a este triste papel de paria en el mundo, por causa de la sumisión, el negacionismo, la truculencia y las agresiones contra nuestros socios comerciales más importantes, causando un enorme daño económico al país», denunció.

En el mismo mitin, el exgobernador Gerardo Alckmin, dupla electoral del petista como vicepresidente, denunció la situación en la que el Gobierno de Bolsonaro destruye y recalcó que Lula es el «único camino» de esperanza.

«Las próximas elecciones serán una gran prueba para nuestra democracia. Lula es hoy la esperanza que le queda a Brasil. No es el primero, ni el segundo, ni el tercero, es el único camino de esperanza para Brasil», remarcó Alckmin, en su declaración transmitida por video.

El pacto que respalda la fórmula Lula-Alckmin está integrada por el PT y los partidos Socialista de Brasil, Comunista de Brasil, Red de Sostenibilidad, Solidaridad, Verde y Socialismo y Libertad.

POLARIZACIÓN POLÍTICA

Hasta el momento, ningún otro pretendiente al Palacio del Planalto (sede del Poder Ejecutivo) le hace sombra a Lula, quien encabeza todos los sondeos de opinión con perceptible ventaja, pese a las ambiciones de reelección de Bolsonaro que acortó la diferencia.

Los altos precios de los alimentos y de los combustibles, así como la pandemia de Covid-19 socavan el andamio del exmilitar gobernante.

De acuerdo con la última encuesta elaborada por el Instituto de Pesquisas Sociales, Políticas y Económicas y encargada por la firma XP Investimentos, Lula mantiene una ventaja de unos 15 puntos porcentuales sobre Bolsonaro.

Aparece con un 44 por ciento de apoyo y el excapitán del Ejército con un 31. Después se ubican el controvertido político Ciro Gomes (ocho por ciento), el exgobernador de Sao Paulo Joao Doria (tres) y la senadora Simone Tebet (uno).

En una eventual segunda ronda, Lula vencería con el 54 por ciento de los votos frente a Bolsonaro (34).

Basada en mil entrevistas telefónicas realizadas el 2, 3 y 4 de mayo, la investigación tuvo un margen de error de 3,2 puntos.

Según analistas, los comportamientos de las encuestas arropan de «camino difícil» la llamada tercera vía de otros pretendientes.

«El contexto de polarización política anticipa las decisiones de los votantes. Con esto, las posibilidades de los candidatos fuera de Lula y Bolsonaro hoy son mucho más restringidas», valoró recientemente el director del Instituto FSB, André Jácomo.

Las pesquisas refuerzan cada vez más que los dos axiomáticos adversarios ideológicos serán los protagonistas de la disputa electoral de 2022.

A solo cinco meses de las votaciones, Lula, con 76 años, es favorito, pero comentaristas políticos y el propio expresidente alertan que Bolsonaro mantiene una base fiel y toda una maquinaria comunicacional, junto a partidos oportunistas.

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